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Editorial Dunken - Librería on line

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ya no siento...


Que extraña desolación… que falta de aire que oprime el pecho y exceso de lágrimas que no puedo dejar brotar. No debo hacerlo. No puedo permitirme ese derroche de energía mal orientada. En cambio, perpetuo en mi cara esta absurda mueca que pretende ser feliz cuando no es otra cosa que compasión hacia mi misma… (¿Existe acaso algo más denigrante que la autocompasión? ¿Tan bajo he caído?) A veces me execro. Abomino de mi misma al punto de no soportar mi propia imagen devuelta por ese espejo que aunque pretenda esquivarlo, está siempre al acecho.

En un momento experimento la dicha extrema: ¡¡abrazar la luna!! ¡¡ Rozar las estrellas!! Y al instante siguiente, y sin transición, me hundo en el más profundo abismo de cruel realidad, de soledad absoluta y fría. De certezas irrevocables y trágicas como pocas. El implacable paso del tiempo destruyéndolo todo… Dejando su impronta en mente y cuerpo, borrando hasta lo que pudo haber sido...

Lo antagónico en mi vida es una constante, no se si buscado ex profeso o de modo inconsciente, pero se que siempre ha sido así. Vivo en los extremos. Lo opuesto me seduce y me dejo atrapar una y mil veces sin importarme cuánto tiempo más pueda soportar este inefable rodar como bola de billar, rebotando contra una y otra banda. Esta necesidad de calor/amor que jamás se ve satisfecha, la agonía de un nuevo amanecer, un nuevo día que enfrentar imponiéndome objetivos que poco me interesan; sólo un modo más de continuar… ¿y para qué?
Todo tiene un límite. Hasta la esperanza tibiamente cultivada durante largo tiempo desfallece frente a la impía luz de la verdad arrojada tan fríamente contra mi cara. Y todo pierde sentido, ya sólo quedan las ganas de nada… Basta de fingir. Basta de buscar con la mirada esa otra que sólo muestra frío… si el frío ya está en mi, si me habita desde hace tanto tiempo que ya no puedo recordar cuando comenzó a instalarse y adueñarse de todo mi ser.

A veces me siento exhausta, cansada hasta el agotamiento extremo de esta manera de vivir: “dudando”. Presintiendo detrás de cada aseveración un nuevo engaño, tratando de no pensar para así poder creer. Pero es tan difícil, tan ardua la tarea de aceptar sin cuestionar que me lleva incluso a pensar más sencillo el cuestionamiento que la aceptación incondicional.

Y nuevamente el peso opresivo de la soledad hunde mi pecho, y mis ojos se empañan, y el entorno se desdibuja lentamente. Un extraño sopor obnubila mis sentidos y siento que me diluyo en la nada misma…y los olores y colores se fusionan tanto como mi yo lo hace con el espacio que me circunda…y me gusta…esta nueva sensación de irrealidad maravillosa me gusta; y por primera vez en mucho tiempo me siento bien… quizás porque en verdad: ya no siento…

2009 copyright © derechos Reservados

1 comentario:

María Laura dijo...

TU SENTIR,TU DECIR,
TU DEJAR LA VIDA EN CADA FRASE,
EN CADA PALABRA,
ME SIGUEN SUBYUGANDO...
GRACIAS,
LAU!