Para adquirir el libro NADIE SIENTE CON MI PIEL de Sandra A. González Saavedra (click abajo)



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Editorial Dunken - Librería on line

viernes, 17 de enero de 2014

MOTIVOS


Y si te cuento los motivos,
que tengo hoy para vivir.
Cómo te explico lo esencial de tu existencia para mi?
Llevas la luz de mi bandera,
y el don de la sinceridad.
Confío más en vos que en todo lo que pueda imaginar.
No me importa para dónde vas,
yo voy sin mirar atrás,
si te tengo por delante.
Cuando quieras caminar,
no me importa dónde vas,
quiero ser tu acompañante.
A veces pierdo los sentidos,
pensando el tiempo de partir.
No quiero irme de este mundo con mil cosas por decir.
No me importa para donde vas,
yo voy sin mirar atrás,
si te tengo por delante.
Cuando quieras caminar,
no me importa donde vas,
quiero ser tu acompañante.
Y sin pecar de loco ni atrevido,
yo te elijo mi destino y mi camino por seguir.
Si ya anduve solo demasiado,
quiero vivir a tu lado lo que quede por vivir.
Y no me importa para donde vas,
yo voy sin mirar atrás,
si te tengo por delante.
Cuando quieras caminar,
no me importa donde vas,
quiero ser tu acompañante.
Y no me importa para dónde vas... si te tengo por delante.
Y cuando quieras caminar,
no me importa dónde vas,
quiero ser tu acompañante.
Y andar andando por andar,
por un camino sin final...

miércoles, 15 de enero de 2014

En este momento de mi vida...

En este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de un amor y la compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer papas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No dejar de sorprenderme de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca pero no quejarme de ninguna tontería. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera por aquí. Sólo quiero eso.

Hugo Puchuri

lunes, 13 de enero de 2014

VACACIONES





La cosa empieza cuanto subimos al auto. Ya pasó la parte molesta de armar todo, de acomodar los bártulos en el baúl, de calentar el agua para los mates, de poner los potus en la bañadera con agua para que no se sequen, de cerrar la casa, de todos esos preparativos que llenaban una lista interminable de cosas por hacer y, de repente, están hechas (aún si eso significó que nos quedemos hasta las dos de la mañana cerrando bolsos y apilando equipaje). No importa que sean las cinco y treinta de una mañana de sábado de enero. Quizás esa es una de las pocas mañanas del año en las que vale la pena saltar de la cama ni bien el despertador canta porque estás a punto de subirte al auto y ahí es donde empieza lo bueno.

Emprender el camino, poner música, empezar los mates, abrir la bolsa con  facturas calentitas. Unos minutos más, todos los preparativos finales para salir a la ruta y saber, a ciencia cierta, que estamos de vacaciones. Y después vamos a viajar durante horas haciendo comentarios graciosos, despotricando contra el mundo, montando escenas diminutas de stand up para terminar de exorcizar los vestigios de mufas del trabajo y los despioles que, por unos días, dejamos definitivamente atrás.

Y ni siquiera importa si llegamos para tener que acomodar un insoportable desmadre ajeno porque eso ya es parte del viaje, de los días de descanso, de los ratos de pura felicidad, de las tardes de río y lagos y juegos y risas y chistecitos internos y códigos compartidos y noches de pelis viejas y de contar estrellas y de juntar moras al costado del camino para hacer mermeladas que nunca se concretan y de preparar comidas ricas y de pasear buscando recovecos nuevos y de tomar cervezas en un bar antes visto.

Lo sabemos desde el momento en que nos subimos al auto. La única excusa válida para volver de las vacaciones, reanudar la rutina diaria, volver al mundo cotidiano de la realidad es saber, en todo el cuerpo, que en cualquier momento emprenderemos la ruta otra vez y la vida vuelve a ser un recreo maravilloso.

La mejor razón para volver es, justamente,  la promesa de volver.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Inevitable (noche vieja)

No creo en los aniversarios fúnebres. Y lo puedo decir en voz alta hasta el cansancio y lo puedo escribir acá o en cualquier otro lugar y lo puedo pensar tan fuerte como si lo enunciara en voz alta porque real, sincera y verdaderamente no creo en los aniversarios de muertes.  Ahí aparecen cosas de mi misma que no me cierran. Dado que me importan tanto los cumpleaños, que considero infaltable el brindis adecuado para cada año nuevo, que tengo una memoria infatigable para las fechas redondas parece una rotunda estupidez que no crea en los aniversarios  fúnebres y, sin embargo, es lo que es. (Quizás influye eso de que la fe no es algo que pueda razonarse, ¿quién sabe?)
Sin embargo, cuando llega un día tan difícil que me dura casi 72 horas de pena infranqueable y de cuerpo triste y cabeza embarullada. Cuando me sorprende a mi misma tener este humor tan particular que casi nunca me define. Cuando todo lo que habitualmente forma parte esencial de mi vida me cuesta tanto. Cuando me descubro pensando que me desconozco, aparece un calendario que me dice que otro año termina  y descubro que es, otra vez, este fatídico día.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Así no...


Me desperté llorando. Cuando chilla el despertador, cuando el día es pura promesa y la luz asegura que el sol está saliendo y el clima es amigo y mi cabeza normalmente canta canciones y yo debería sólo querer bailotear descalza hasta la cocina y desayunar, justo cuando habitualmente refunfuño un poquito contra las obligaciones que me impiden seguir soñando o dedicarme de lleno a disfrutar de un café con leche con tostadas con manteca y dulce casero, me desperté llorando.

Y esa no soy yo, esa no quiero ser yo. Y no quiero responder al impulso de pensar que se me están pegando los hábitos ajenos que no me agradan. Y no estoy dispuesta a permitirme ser una persona que se despierta llorando. Y no pienso, ni por un segundo, sucumbir a la tentación de buscar en todas las cosas tristes u oscuras de mi interior para alimentar la ilusión de poder descubrir por qué un día, un precioso día, se me ocurre despertarme llorando. No voy a alimentar monstruitos internos ni a negar las penas que cargo ni a esquivar mis propios rincones oscuros.

Simplemente voy a salir al mundo, a descubrir que vale la pena seguir amaneciendo, a sentarme chinito, a respirar profundo y lento, a distender los hombros. Voy a poner música y a regalarme mimos mínimos y a elegir qué ponerme esta noche que combine con mis nuevos y adorables zapatos rojos. Voy a contarme a mi misma que sigo teniendo la misma asombrosa capacidad de reconstruirme y que todavía puedo, por gloria y gracia de mis carcajadas estridentes, llenar de luz mi oscuridad.
 


jueves, 26 de diciembre de 2013

¿La ves?

 
Mirala, ¿la ves? Sentada en plena noche, mirando para arriba como quien contempla el cielo. Respirando profundo, pausado, para sosegar la cabeza y el cuerpo. Estática, sola y a lo oscuro como quien piensa en calma o como quien procura aplacar inquietudes.

Mirala, ¿la ves? Con el cuerpo repleto de susto. Ni pavura, ni desazón, ni desarraigo. Susto puro. Susto llano. Ese temor que recorre de lado a lado, que alimenta e intranquiliza. Ese susto primario y primitivo que despierta todas las terminales nerviosas. Esa mezcla de ansiedad, curiosidad y miedo que despabila los sentidos y eriza la piel. No es terror, no inmoviliza, no estanca. Es susto.
Ese susto que, como las cosquillas mansas, la vuelve alerta y receptiva, lista para todo aquello que promete sorprenderla y desbordarla…

lunes, 23 de diciembre de 2013

PARA MIS ADENTROS







En mi cabeza se aglutinan miles de palabras. Se juntan, se conocen, se saludan, se invitan, se acompañan, se pelean, se distancian, se reordenan. Frases completas que surgen, que crecen, que viven entre mis ideas, que se acurrucan en mis neuronas, que se quedan ahí, listas, predispuestas a ser dichas o archivadas o modificadas o agrupadas.
 

Cocino y se me llena el cuerpo de memorias  que hacen que sea optimista sólo porque alguna vez existieron  y las letras me desbordan. Con cada tomate que corto, con cada ñoqui que paso por el tenedor, en cada uno de esos gestos simples, diminutos y cotidianos reaparece esa persona, esa historia, ese recuerdo y toma forma de palabras y se relata completo adentro mío mientras mis manos están ocupadas haciendo otras cosas, cocinando, viviendo.
 
Me miro desde afuera de mi misma, me veo similar a la niña que era, torpe y con una cuota no menor de temor adentro del cuerpo pero, aún así, trepada a un tapial o  acomodando cosas en el patio y hasta me parece que entiendo toda una parte de esta mujer que soy. Mientras estoy de cara al cielo, colgando entre el asador y el gallinero, arriesgando las uñas con cada alambre que retuerzo, en silencio, en calma, concentradísima en cada movimiento que hago para que mis problemas motrices no me traigan consecuencias graves, las oraciones aparecen espontáneamente, como si no tuviese que pensarlas. Y se quedan ahí, tranquilas, sin siquiera demandar que las exteriorice. Casi de la nada, consigo equilibrar anécdotas mientras mis dedos están entretenidos haciendo otras cosas, entoldando vientos, viviendo.

Decenas de nociones cotidianas se enuncian a sí mismas adentro mío cada día. Están ahí, acá, se van haciendo lugar las unas a las otras, se van distribuyendo en conjuntos caprichosamente armados, se van etiquetando entre ellas. Conversan, se burlan, se ríen hasta la afonía, gritan, se conocen, se olfatean, se quieren y se repelen, se acarician, lloran, se lastiman, se escuchan, se ignoran, brindan, duermen, existen, SON, mientras yo estoy distraída cocinando, caminando, conversando, entoldando, viviendo…